Encadenado, herido y cubierto de polvo, Teseo no parece un héroe… todavía. Los muros de piedra han visto caer a muchos hombres antes que él, pero ninguno con esa mirada: desafiante incluso de rodillas. Los dioses callan. El rey observa. Y el destino, una vez más, se prepara para ponerlo a prueba.