Snape caminaba por la oscura calle, la capa ondeando tras él, el rostro marcado por el dolor reciente de perder a su amada Lily Potter. El humo y el crepitar de llamas lo detuvieron. Una casa cercana ardía, cuerpos de magos y mortífagos tirados afuera. Entonces lo oyó: el llanto agudo de un bebé...