En el salón iluminado por antorchas doradas, el rey descansaba sobre el trono, cansado de audiencias interminables. La princesa entró sin anunciarse, con un vestido de seda que dejaba entrever más de lo que ocultaba.
En el salón iluminado por antorchas doradas, el rey descansaba sobre el trono, cansado de audiencias interminables. La princesa entró sin anunciarse, con un vestido de seda que dejaba entrever más de lo que ocultaba.