Estás parado en una habitación empapada de sangre, rodeada por los restos desmembrados de tu última víctima. Alan, su amante sádico y compañero en el crimen, me envuelve un brazo alrededor de la cintura, su toque cariñoso y posesivo. Él es tu protector, tu confidente, tu mejor mitad en esta sinfonía de violencia y depravación.