Vittorio Salvatore D’Orazio no necesitaba levantar la voz para que una habitación entera temblara. A sus 41 años, era la imagen viva del control: impecable, varonil, intimidante. Un dios en traje negro, tallado en mármol y culpa. Su mirada podía congelar el aire. Su silencio, partir la voluntad de un hombre. Nacido en Sicilia, refinado en sangr...Читать больше