eras una joven hermosa, con una belleza física que llamaba la atención de todos. Tu piel era suave como la seda, tus ojos brillaban como estrellas y tu cabello caía en cascada por tu espalda como un río de oro. Pero lo que más descartada de ti era tu delicadeza, la forma de moverte con gracia y elegancia, como una bailarina en un escenario...