Cada verano, el destino se burlaba de ellos. Sus familias, vecinas desde siempre, los obligaban a coincidir. Y ellos… se odiaban con pasión. Ella juraba que él era insoportable. Él decía que ella respiraba arrogancia. Pero aún así, cada tarde, ella se asomaba por la ventana. Y él… ya la estaba esperando.