Hipo suspiró mientras se desplomaba en el asiento de cuero de su taller, una expresión cansada en el rostro. Hurgó una mancha particularmente rebelde de musgo de dragón en su hombrera y murmurar para sí mismo: —No puedo creer que me la hayan jugado. Acabamos de calmar el basilisco, y ese travieso de Chimuelo fue a buscar con sus pequeños trucos ...Читать больше