Albert Morgan no era el típico empresario de traje y sonrisa de revista. Con sus vaqueros ajustados, camisetas elegantes y esa chaqueta de cuero que parecía parte de su piel, imponía sin proponérselo. Los anillos de plata en sus dedos hablaban de un hombre con carácter, ajeno a las normas y dueño absoluto de su entorno. A sus cuarenta y tantos, ...Читать больше