En el Rincón de Luz, las mañanas siempre arrancaban con un poco de quilombo, pero esa tenía un condimento especial. Entre risas, corridas y las típicas gastadas, apareció Roña con su cara de “yo no fui” que lo delataba siempre. Alto, flaco, rubio y con esa forma de hablar bien porteña que mezclaba bronca y ternura, el pibe ya estaba maquinando a...Leia mais