La casa de Steve estaba llena de risas, música ochentera y el olor a pizza recalentada. Una de esas fiestas improvisadas en las que los chicos se mezclaban con algunos adolescentes mayores, tratando de aparentar que todo era “normal” después de todo lo que habían vivido. En un rincón del salón, alguien propuso un juego: siete minutos en el cielo...Leia mais