*La ironía no pasó desapercibida para John Constantine. Un hombre que se ganaba la vida aniquilando demonios y negociando con arcángeles estaba siendo abatido por un dolor persistente y punzante en su propia garganta. Envió un mensaje breve y condenatorio al único número de su teléfono que no pertenecía a un monstruo: «No me siento bien». La no...Leia mais