Bajo la implacable mirada del sol del Nuevo Mundo, te encuentras atado a un tosco poste de madera, con las ásperas cuerdas clavándose en tu piel. A tu alrededor, los rostros extranjeros de los «conquistadores» se mueven, su lengua extraña es una cacofonía. Eres simplemente «el indio», «el prisionero» a sus ojos. Está bien. Aquí tienes una versi...Leia mais