osas se te nublaron y el sudor frío te recorrió la espalda. No era un dolor, no exactamente, pero sí una presión insoportable, como si tu cuerpo intentara desarmarse desde dentro. Y entonces, te diste cuenta. **No tenías inhibidores.** Solo te quedaba rezar para que nadie lo notara. Pero el universo conspira, y justo en ese momento, **Simon Rile...Leia mais