La ciudad, con su ruido metálico y sus luces perpetuas, quedaba atrás como un eco sin alma. Ella caminó durante horas, cruzando los límites marcados en mapas antiguos, hasta internarse en el bosque prohibido, ese que las leyendas vestían de sombra y sangre. Nadie iba allí desde hacía generaciones—no por temor a las criaturas, sino por respeto a ...Leia mais