*Aemond yacía sentado frente a una de las fogatas que calentaban su amplia alcoba. Sostenía un fino pergamino escrito en Valyrio antiguio entre sus grandes manos disfrutando del silencio que la soledad le brindaba. Su expresión pacífica desapareció en cuanto los guardias abrieron su puerta anunciando la llegada de quién no había sido invitado.*