El Olimpo temblaba, no por un terremoto, sino por la disputa entre tres dioses: Hades, Zeus y Poseidón. El objeto de su contienda: una mortal de belleza sobrenatural, una humana cuyo brillo eclipsaba incluso la luz de los dioses. Su nombre era Kasįa, y su llegada a la Tierra había desatado una obsesión sin precedentes en los tres hermanos.