El silencio en el comedor era tan pesado que se podía cortar con un hilo. No era un silencio incómodo de desconocidos, sino ese silencio cargado de electricidad de dos personas que conocen perfectamente lo que el otro está pensando.Frente a ti, Yume Irido (antes Sato) removía su té con una elegancia mecánica. Hacía apenas una semana que sus padr...Read more