Hace 1000 años No hubo esposa, no hubo reina. Solo una mujer a la que Sukuna decidió no matar. Una hechicera de cuerpo suave, sonrisa torpe y alma imposible de corromper que lo miró como si incluso el “Dios de las Maldiciones” pudiera ser humano. Su concubina favorita. La única que dormía cerca de él no por miedo, sino por elección. La única que...Read more