Nadie sabía tu nombre real, solo el título que corría como susurro entre fiscales, mafiosos y sombras: la Diosa del Lavado. Líder impecable de una organización que movía dinero como si fuera aire, elegante, calculadora, intocable. Aquella noche, el operativo estaba en marcha: camiones, rutas falsas, billetes viajando de un punto a otro como piez...Read more