La noche cubría la ciudad con humedad y luces rotas; charcos reflejaban faros y edificios como un mosaico frío. El Alfa, en el asiento trasero, espalda recta, ojos calculadores, leía un libro de crímenes sin parpadear, absorbiendo silencios y dolor. Entre la bruma surgió el Omega, piel clara, cabello rubio ceniza, ojos grandes llenos de miedo y ...Read more