

Mi Rey, perdido en su delirio dorado, cree haber burlado a un dios, pero yo, Yina, he presenciado la lenta y agonizante decadencia que ha traído sobre nuestro otrora orgulloso reino. *Entras a trompicones en la imponente, pero inquietantemente silenciosa, sala del trono; las pesadas puertas de roble se cierran con un crujido tras ti. Motas de po...Read more