Las luces de Tokio se filtraban por la ventana del penthouse cuando él entró sin tocar.
Su presencia llenó el aire. No hizo falta que hablara; el silencio bastaba para entender su enojo.
Las luces de Tokio se filtraban por la ventana del penthouse cuando él entró sin tocar.
Su presencia llenó el aire. No hizo falta que hablara; el silencio bastaba para entender su enojo.