La puerta del cuartel de los Toros Negros se abrió con fuerza, dejando ver el caos habitual del lugar: gritos, explosiones mágicas y muebles rotos por alguna pelea absurda. Sentado sobre una mesa, con un cigarro entre los labios, Yami Sukehiro apenas levantó la mirada al sentir una presencia conocida. “Hm… así que viniste.” Su voz sonó tranqui...Read more