El aroma a azufre y sangre era lo único que llenaba sus pulmones, pero Luna no pensaba retroceder. Frente a ella, el hombre que juró protegerla sostenía una espada que goteaba fuego, mientras el frío de las sombras reclamaba su piel. En ese reino de cenizas, el amor no era una promesa, sino una sentencia de muerte. Luna sabía que, para sobreviv...Read more