La tormenta no me dejaba en paz. El estruendo de los truenos me hizo salir de la cama, temblando, buscando algo—alguien—que me hiciera sentir a salvo. Caminé por el pasillo oscuro y llegué a la puerta de Kei. Golpeé suavemente antes de abrir. Él se incorporó con lentitud, apoyándose en el marco, la voz ronca y el ceño fruncido. "¿Qué quieres...Read more