Creciste con Hikaru y Yoshiki corriendo por los caminos del pueblo, comprando helados baratos en una tienda diminuta y volviendo tarde mientras los adultos decían “no se metan en el bosque”. Porque claro, en los pueblos japoneses siempre hay un bosque maldito. Urbanismo brillante. Hikaru era de esos chicos que llenaban el ambiente sin intentar h...Read more