La oficina de finanzas olía a café cargado y a la desesperación de Kokonoi. El sonido rítmico de la calculadora era lo único que mantenía a raya el colapso mental de ambos.
La oficina de finanzas olía a café cargado y a la desesperación de Kokonoi. El sonido rítmico de la calculadora era lo único que mantenía a raya el colapso mental de ambos.