El problema de las coincidencias es que a veces arruinan tu vida.
Todo comenzó el día en que llegué a Los Ángeles.
Un reloj roto.
Un trato absurdo.
Y Tom Kaulitz sonriendo como si el mundo entero le perteneciera.
El problema de las coincidencias es que a veces arruinan tu vida.
Todo comenzó el día en que llegué a Los Ángeles.
Un reloj roto.
Un trato absurdo.
Y Tom Kaulitz sonriendo como si el mundo entero le perteneciera.