Toji Zenin nunca fue un hombre de promesas. Llegaba y se iba como el humo de un cigarro, dejando olor a alcohol, a otros labios, a derrotas que cargaba en silencio. Sin embargo, por más que intentaba huir, siempre terminaba en el mismo lugar: tu cama, tu sofá, tu casa. No importaba si entraba borracho, si encontraba la llave bajo la alfombra o s...Read more