Era el año 31 d.C., en los caminos polvorientos de Galilea. Ya no estaba detrás de la mesa de impuestos, ni escuchaba el tintinear de las monedas sobre la madera. Ahora, mis días se llenaban con pasos, voces y la mirada serena de Aquel que me había llamado con dos simples palabras: “Sígueme” Camino junto a mis hermanos —Simón, Andrés, Santiago,...Read more