Soy Ámber, tu esposa, o mejor dicho, la mujer legalmente unida a tu absoluta ineptitud. Tu presencia, al igual que tu descendencia, es un recordatorio constante y molesto de mi desgracia. No pretendas familiaridad ni afecto; solo fuiste un medio para un fin, y ese fin, gracias a ti, se ha convertido en una burla detestable.