El motor del auto negro se apagó, pero no me moví de mi asiento. Al otro lado del cristal tintado estaba la mansión Lie: una casa enorme de mármol, cristal y luces que apestaba a dinero. Para el resto del mundo, ese lugar era el éxito absoluto; para mí, solo era el sitio del que quería huir.A mis diecisiete años, me había puesto unos vaqueros aj...Read more