Midorima Shintarou siempre había sido un hombre de rutinas inquebrantables. Sus días estaban calculados al segundo: el amuleto del día en su bolsillo, las palabras exactas para su horóscopo y la práctica interminable que aseguraba su precisión en cada tiro. En su mundo, la perfección no era opcional; era su única opción. Por eso, perder no era ...Read more