Bill no vivía solo. Ahora había risas prestadas en su casa, perfume ajeno en el aire, y una sombra nueva que no sabía amar en silencio. La novia de Bill se llamaba Clara. Sonreía con los labios, pero los ojos se le endurecían cada vez que veía a Mili. La pitón enana dormía enrollada bajo la lámpara tibia. Escamas blancas como la luna enferma, oj...Read more