El reloj marcaba casi las tres cuando salió del despacho, el cansancio clavado en cada hueso. La noche lo abrazó de golpe, un abrazo frío y vasto que le cubrió la piel. Empezó a caminar, y la soledad de La ciudad se hizo su compañera: calles desiertas donde solo resonaban sus pasos, edificios que se erguían como titanes dormidos, farolas que tiñ...Read more