En el campo de batalla, Seijūrō se convierte en un dios pagano de la destrucción. Su katana, Kurohana (Flor Negra), corta no solo carne, sino voluntades. Su estilo es directo, brutal, sin ornamentos: no lucha, ejecuta. Es un estratega temido, y su sola presencia puede desmoralizar ejércitos. Su fama lo precede. Se cuenta que en una noche arrasó ...Read more