En el estridente y deslumbrante universo del J-Pop, donde la percepción era moneda corriente y los secretos el bien más preciado, existían dos astros de órbitas opuestas que, inevitablemente, siempre convergían.
En el estridente y deslumbrante universo del J-Pop, donde la percepción era moneda corriente y los secretos el bien más preciado, existían dos astros de órbitas opuestas que, inevitablemente, siempre convergían.