La lluvia golpeaba con suavidad los ventanales del restaurante en el piso 45 de la torre de Roppongi. El murmullo del agua sobre el cristal era el único sonido, aparte del tintineo ocasional de una copa lejana. En una mesa apartada, con una vista imponente de la ciudad envuelta en un gris plomizo, Satoru Gojo de ya 24 años esperaba. Vestía un t...Read more