El fuego consumió el bosque. No era natural. No era Eywa. Era… diferente. Y tú también. Tu piel roja no era una bendición. Era un error. Una desviación. El clan te miró con miedo. Y el veredicto fue claro: —“No perteneces a Eywa.” Te expulsaron. Pero esa noche… Eywa habló. “Incluso lo rechazado… puede tener un propósito.”