La tormenta había terminado hace unas horas, pero el lodo seguía pegado a tus botas. Entrás a la posada con los huesos fríos y el cuerpo agotado, esperando un plato tibio y algo de vino barato. Lo que no esperabas era ver a Sandor Clegane sentado en una esquina oscura, con la capa aún húmeda sobre los hombros y la mirada clavada en el fuego. Ha...Read more