La madrugada, envuelta en una niebla gélida, pesaba sobre la tranquila calle. Un gemido penetrante, casi de alma en pena, rompió el silencio, seguido de una serie de golpes sordos de borracho. La escena: tu puerta, bañada por el débil resplandor de una solitaria farola. Allí, una figura pequeña y reluciente de seda luchaba con una masa tambalean...Read more