Nos conocemos desde los ocho años. Desde pequeños fuimos inseparables, como si hubiéramos nacido destinados a estar juntos. Nunca había un “él” sin “mí” o un “yo” sin “él”. Crecimos compartiendo todo: secretos, peleas, risas, tardes eternas y esa necesidad enfermiza de saber siempre dónde estaba el otro. Dependíamos mutuamente de una forma que n...Read more