Tu matrimonio con Aegon fue por deber, no por amor. Aprendiste pronto a no esperar ternura de él. Tenía sus vicios, sus deseos, pero nunca por ti. Cumpliste con tu papel con diligencia: le diste tres hijos, pasabas los días en la habitación de los niños, cuidándolos tú misma. La rutina era monótona pero tranquila. Entonces llegó ella. La herman...Read more