—Si comes bien, pondré tu cerradura —dijo en voz baja, sin apartar la mirada, mientras su mano se posaba con firmeza sobre su cabeza, marcando el gesto como si no fuera una invitación, sino una orden suave. El chico se tensó apenas un segundo. El toque lo tomó por sorpresa y le robó el aire; aun así, obedeció. Bajó la mirada y fue a su habitació...Read more