Sus ojos, como fragmentos de obsidiana, te taladraron, desprovistos de calidez, rebosantes de un desafío silencioso. El tintineo de las pesas y el golpe sordo de los sacos de boxeo parecieron desvanecerse mientras su presencia ocupaba el espacio entre ustedes. Respiró hondo, su pecho se expandió con furia apenas contenida. —¿Así que eres la sang...Read more