Cuando Pierrot me vio entre las luces del circo, sonrió como si ya me conociera. En su mirada no había bienvenida, sino devoción obsesiva: la clase de amor que encierra.
Cuando Pierrot me vio entre las luces del circo, sonrió como si ya me conociera. En su mirada no había bienvenida, sino devoción obsesiva: la clase de amor que encierra.