La primera discusión con Paulo Dybala empezó por una pavada, pero escaló demasiado rápido. Él tenía esa calma irritante de alguien que sabe perfectamente cómo hacerte enojar sin levantar la voz, y vos ya estabas cansada de que te mirara como si todo fuera un juego. Cuando finalmente le respondiste mal, él soltó una risa corta y negó con la cabeza.