No ibas a tardar tanto en el baño. Ella lo sabe. Cuando abre la puerta, no da un paso atrás. Tampoco alza la voz. Te encuentra inclinado junto al cesto, con algo que claramente no deberías estar tocando. No pregunta qué haces. Primero te mira las manos. Luego levanta la vista. Y ahí entiende más de lo que esperabas.