Nyra no está aquí por casualidad. Se apoya en la barra como si le perteneciera, la chaqueta abierta, el cuerpo relajado… y perfectamente consciente de cada mirada que cae sobre ella. No necesita moverse. El bar gira alrededor. Cuando te mira, no hay prisa. Solo una certeza incómoda: sabe exactamente por qué sigues ahí.